sábado, 25 de octubre de 2014

El papá de la peque

Llevo mucho tiempo con ganas de escribir sobre el papá de la peque. Es un personaje curioso, podría estar hablando sobre él durante horas y horas, porque en estos 3 años que hace que nos conocemos me ha hecho descubrir grandes cosas.

Cuando le conocí los dos veníamos de dos historias negras con nuestros amores anteriores. Yo soy de mucho contar y siempre le he explicado mi pasado. Soy abierta en ese aspecto. Él es muy reservado y me ha contado cosas pero sé que hay mucho más. Lo sé porque intuyo el dolor que llevaba dentro y respeto que no haya querido ser un libro abierto como yo. Cada uno es como es.

Cuando le conocí supe que le iba a querer mucho. Fueron unos segundos raros en los que sentí que era mi futuro y también me noté incómoda. El motivo es que creía que no estaba preparado para vivir algo tan espectacular, vamos que me dio miedo.

Nos conocimos un sábado por la mañana, un día de mucho sol, en primavera. Un día de esos que todo brilla. No estabamos solos, y no tuvimos la oportunidad de hablar mucho. Pero recuerdo perfectamente su olor y su forma de mirarme. Fue una mañana que se hizo eterna porque viví intensamente cada segundo y cada gesto.

Cuando llegué a mi casa estaba enamorada, no podía pensar en nada más que no fuera ÉL. Sabía que era mi hombre. Y no veía el momento de volver a verle. Como es un chico listo y decidido, me contactó por internet. Y cada tarde hablábamos un poquito. De nuestras cosas. Me encantó como se preocupaba por mi y por que yo estuviera bien. Hablábamos pero no nos veíamos. Fueron días intensos y emocionantes porque él no decía nunca de quedar. Pero siempre me preguntaba que tal estaba.

Y yo me moría de ganas de que fuera el centro de mi vida, de decírselo todo y darselo todo. Sonreía por todo, el mundo era perfecto, yo era perfecta, él era perfecto, era FELIZ.

Y una tarde por fin, nos vimos. Quedamos en una ciudad con mar, una tarde de primavera de un domingo. Paseamos, hablamos, cenamos,.....y no pasó nada. Despacito.

Hasta que al final, un día se decidió y me cogió de la mano. Yo temblaba. Le besé en el brazo, me besó en un ojito, y .... zas!!! en los labios. Un escalofrío me recorrió la espalda. Y nos abrazamos, de esos abrazos que te fundes, como si fueramos uno. Supe lo que es amar.

El papá de la peque es dulce, es tierno, es paciente, es decidido, es curioso, nos cuida, es sensible, y nos respeta. Es el papá que estaba buscando para ser mamá des de hacía muchísimo tiempo.

Y aquí seguimos, tres años después con nuestra cachorrita. Ahora ya somos tres.

3 comentarios:

  1. Qué bonito post! Me has emocionado! Y felicidades a los tres por esa familia que habéis formado.

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    1. Gracias preciosa!!! Siiii, me encanta mi chico, y me encanta verle como padre, eso ya lo contaré otro día.

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  2. Omm! Que bonito! Ai! Esas historias intensas...

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